domingo, 27 de julio de 2025

Vivir en la fábrica de clamores desgarradores... (y la oración cristiana)


 
La ciudad tiene un tremendo potencial de ser una fábrica de clamores desgarradores. México lo experimenta tremendamente. El mundo también. Tal cual como dice el texto de Génesis 18: los clamores se multiplican exponencialmente, el mundo resulta ser una obra violenta (y el asesinato de la maestra Irma en Veracruz lo ratifica). Ante esto habrá quien pedirá que se consume la destrucción de nuestra civilización, quien pida la destrucción de los violentos, e incluso quien confíe en que "orar" será la respuesta dado que se excede desproporcionadamente nuestros alcances como personas comunes y corrientes. Sin embargo, pedir justicia es quizá lo más sensato pedir. ¿Qué es justicia? El texto bíblico parece sugerir que es lo que contiene la fuerza terrible de la violencia divina, en forma de palabra, de habla osada que dirigida a otro disuade el deseo –destructivo– de UNO ante la consideración de la existencia de otro que posiblemente es portador de una bondad. En otras palabras, algo ocurre que habilita y dispone para afrontar la violencia y el mal. Después de todo, si por 50, 40 o 10 justos una ciudad que es productora de males y clamores no es destruida, eso no cambia que esos males persisten. He ahí una clave importante: es muy fácil caer en la trampa de sentirse parte de los buenos al abogar por los justos o buenos, "salvar al mundo" en nombre de las personas bondadosas evitando su destrucción, mas eso trae consigo problemas mayores ¿cómo lidiar con ese mal que se vuelve omnipresente e inexorable? Es parte del dilema planteado por la administración de Trump en estos términos: dado que es difícil identificar al "migrante bueno" del "malo", mejor dejar que todos se destruyan en su propio país –dejando de lado la posible responsabilidad de EEUU en muchas de esas situaciones conflictivas e injustas–, mientras que otros apelando a la bondad de algunos de esos migrantes protestan... pero la cuestión sigue abierta ¿qué hacer con los operadores y fabricantes de clamores? El deseo de UNO, ansioso por su satisfacción y bienestar, por eliminar un problema incómodo e indeseable, se expresa y opera como un deseo sin mundo y no hay límites para ello. Existen sólo deseos, desarticulados, aislados, amontonados, mas al fin y al cabo sólo deseos, deseos solos.

La ciudad aparece como un gran sistema de captura: nos captura por dentro y por fuera. Deseos y amenazas, afanes, ansiedades y exigencias son un eficaz aparato de captura.
Por otra parte, el texto de Lucas 11 presenta una continuación de la cuestión con una propuesta cristiana. Lo primero que llama la atención es la petición de los discípulos, pues piden que les enseñe a pedir. El verbo proséujomai es básicamente un hablar dirigido a otro en forma de petición. Aunque es claro que puedan estar en busca del modo cristiano de hacerlo no deja de llamar la atención que ellos realicen aquello acerca de lo cual quieren ser enseñados: pedir. Eso nos da ya un primer rasgo básico de la oración cristiana: es un hacer que no presupone un saber. Se hace sin saber, no en el sentido de "sin querer", sino de que el no-saber es parte esencial de ese hacer. Si el deseo de uno es deseo solo, sin mundo, de modo que el otro es objeto, en la oración el otro es sujeto, alguien a quien es posible dirigirse e interpelar y de quien cabe esperar una respuesta, de la cual no sabemos su contenido.

Dos películas quizá puedan ayudar a iluminar esto: Pobres criaturas (Lanthimos) y Todo en todas partes al mismo tiempo (Kwan y Scheinert). En la primera encontramos individuos movidos básicamente por el deseo aislado, encerrados en el goce, ese placer desvinculado del cual también la protagonista es parte, hasta que ella, en su encuentro con el dolor de los últimos del mundo y de los miserables de todo tipo comienza a realizar un giro que hace que incluso en la prostitución sea capaz de construir vínculos en los que el otro es sujeto y no objeto, sin dejar de lado el placer. La protagonista es osada en su habla, habla que acontece en sus actos y que le implica afrontar amenazas mientras a la vez cambia su entorno. En la segunda hallamos a una madre y su hija atrapadas en la vorágine de un deseo aislado, incapaz de reconocer algo más que su propia insatisfacción, al grado que proponen un nihilismo total. Lo que rompe ese movimiento es la irrupción tierna y conmovedora del padre-esposo que pide bondad mientras explica que también esa es una forma de lucha. En ambas películas ocurre un giro, una conversión al más puro estilo de Jesús, y este ocurre al «poner mundo» y no puro deseo. En ambos casos la bondad no es una negación de la dureza de la realidad sino todo lo contrario, es un modo de afrontarla y con fuertes implicaciones.

Poner mundo es poner algo más que el propio deseo, algo no sabido y no manipulable. Poner mundo es enfrentar la violencia y no simplemente desear suprimirla o replicarla; es lidiar con un placer y relaciones siempre en posibilidad de pervertirse y no simplemente moralizar o cercenar nuestra sensualidad y sexualidad. Poner mundo es un gesto de no saber (cómo afrontar, cómo vivir) dirigido a otro como alguien y no como algo. Poner mundo es afrontar la disonancia violenta del mundo y del otro sin omitir la bondad que los habita. (Quizá así podríamos entender incluso la insistencia de quien pide pan al amigo mientras el otro va escalando en la expresión de su malestar y molestia debido a la inoportuna petición).
La bondad pide mundo, la maldad satisfacción. Esto no quiere decir que la satisfacción sea el mal y que el mundo sea bueno en sí mismo. Poner mundo es poner algo que excede el deseo, sin saber qué sea ese excedente, y que hace que nuestra habla se dirija a alguien y no a algo. Quizá por eso la oración del Padre nuestro no sea sino un modo de acceder a ese modo de pedir, de extender la mano, no por un "deseo" sino por el anhelo que, sin ser creado por uno mismo, nos hace aspirar a ser parte de una historia alabable o que cause alegría de contarse como buena nueva –santificado sea tu nombre–, a vivir de manera justa, alegre y buena –venga tu reino–, sin descuidar lo elemental del vivir y del obrar –el pan cotidiano y relaciones con otros en las que la deuda no nos ate– en la conciencia del riesgo continuo que es esta vida –no nos lleves al lugar de la prueba. Obrar con ese mundo –aún desconocido, no ideal ni idealizado– dentro es tarea desafiante en este mundo. Poner mundo en un mundo que pareciera gozarse en su autodestrucción.

La oración cristiana no es evasión ni solución al mal, convulsiones y violencias asesinas de nuestro mundo, sino un modo de buscar cómo responder a todo ello sin perpetuar su proceso y victoria. No es para esconderse o desentenderse, sino para tener el amor y la osadía de una "violencia distinta" que parte no sólo de la bondad que halla en este mundo que es valle de lágrimas, sino de la esperanza de la bondad que puede nacer aún entre nosotros, violencia que afronta la violencia que acapara el pan, que perpetúa la deuda, que hace una historia desgraciada, violencia que no imita a esta violencia y aún así es capaz de quebrantarla y destituirla sin imponerse. ¿Acaso no es la misma vida y muerte de Jesús un indicio –estremecedor y desconcertante– de esa "otra violencia" que habla de una bondad en los seres humanos y de una bondad divina? No estoy seguro de en qué consistiría pero puedo ver en su apuesta osada y esperanzada algo que me llama a mí también.

 

Más allá de la parte faltante, Martha y María

 


¿Ocuparse de todo o de la parte? Quizá dos películas puedan ofrecernos elementos para poder abordar esta cuestión y comprender mejor la perspectiva cristiana expresada en el relato de Martha y María (Lc 10): Monsters Inc y Lilo & Stitch.
Al hablar de «la parte», podríamos tomar dos caminos: el de la «pieza faltante», vinculado al imperativo de actuar –el cual no es negado aquí en cuanto tal, sino más bien puesto en cuestión para poder reproponer el actuar humano–, y el de la "parte buena".
Acorde al orden del relato de Lucas comienzo por el de la pieza faltante y el imperativo de actuar. En Monsters Inc la pieza faltante aparece de muchas maneras, desde la exigencia a Mike Wazowski de llenar su papeleo, el trabajo en equipo para producir más (como cuando Randal culpa a su compañero), y particularmente el fragmento de la puerta de Boo necesario para volver a tener contacto con ella una vez que se ha reconstruido la puerta.
El imperativo de actuar tiene una tendencia totalizante: exige que todos actúen, hay demasiado por hacer y no queda lugar para la falta, pues la falta de uno puede constituir un desastre pues la tarea, el orden, el fin buscado podrían no lograrse. Con ello, la parte, por pequeña que sea, se convierte en algo con pretensiones de totalidad (¿o no nos ocurre eso al grado de perder la paciencia o exasperarnos con la falta de reactividad de los otros?). La exigencia de Martha es justamente eso: ¿qué no ves que el mundo se está acabando? ¿qué no ves que no podemos solos con todo? Por cuanto sea un reclamo válido, corre el riesgo de convertir toda empresa humana de "salvación" una mera tarea de completar, justo como parecería indicar el gesto de colocar la "pieza faltante" en la puerta de Boo para poder volver a entrar en contacto con ella. Así, la más mínima falta puede convertirse en el desastre, el fracaso de todo.
Del mismo modo, en Lilo & Sitich el orden perdido con la muerte de los padres de Lilo inaugura una situación que se vuelve caótica y que pudiera considerarse resuelta con la restitución de dicho orden, ya sea mediante la incorporación de nuevos padres o con el logro de Lilo de vivir como si los tuviera aún. El caos en la vida de Lilo es cada vez mayor en la medida en que "debe" vivir como si dicho orden estuviera vigente mientras la situación es cada vez más complicada para ella y su hermana, y sobre todo con la llegada de Stitch.
Esta lógica de la "pieza faltante" tiene sin duda su valor operativo y de verdad, sin embargo, es también una trampa terrible: no hay que dejar ninguna tarea, ningún espacio, sin atender. Tarea sin duda imposible y desesperante. Es la forma de la merimná, término griego que designa los afanes y preocupaciones que agobian a Martha.
El segundo camino, el de María o de la "parte buena", es presentado en Monsters Inc no mediante el fragmento faltante sino mediante un gesto: el de cruzar una puerta con un riesgo significativo y reír. Esta parte no corresponde a nada propio del orden del mundo de los monstruos presentado en un principio. El hallazgo de la risa y de un vínculo afectivo con los niños constituye una "parte" sin lugar en su horizonte. De otro modo, se trataría de una pieza más del orden, del rompecabezas. Acceder a la "parte buena" implicó un riesgo para los monstruos y para Boo. Del mismo modo, en Lilo & Stitch es este último el que anuncia el hallazgo: "la encontré, mi familia, es chiquita y está rota... pero es buena". No sólo Stitch acepta ser atrapado una vez que la halla, sino que permite revelar el alcance del gesto de Lilo al acoger a Stitch con todo lo que implicó y sin ninguna garantía, en su ya caótica vida, de que pudiera restituir lo perdido, cosa que finalmente no se realizó. La familia de Lilo sigue pequeña y rota... pero es buena, y es esa parte la que resulta inapropiable. "No le será quitada" dice Jesús según el relato de Lucas.
Optar por la parte implica perder la totalidad, asumir incluso su limitación e incapacidad para responder a todo. Pero no se trata de quedarse sólo con la pieza faltante, como si fuera un fetiche, sino de esa parte que no encaja o mejor dicho, que en la relación con otro nos permite desencajar, pues mientras en Monsters Inc Sulli y Mike abandonan sus sueños y anhelos de éxito en la empresa, Stitch se sobrepone a la fuerza de su potencial –¿de mal?– y Lilo a la tranquilidad y orden que extrañaba. En ambos casos se abrió una vía distinta. Ni Boo ni Stitch ofrecían lo que los demás querían y estaban lejos de darles acceso a ello, al contrario, los alejaban. ¿Qué hallaron Sulli, Mike y Lilo para correr ese riesgo? La "parte buena", inapropiable, que les posibilitó descubrir una bondad o una valoración distinta en su vida. La parte buena tiene forma de llamado, de modo que no ha de ser confundida con la defensa de lo propio, de mi propio espacio, mi familia, mi país, etc.
Así, en la historia de Jesús con Martha y María encontramos el paso del orden, de la exigencia de actuar, incluso de salvar todo y a todos, de la pretensión de totalidad al llamado, al experimentar con y desde la palabra –el evangelio– que sin tener todo resuelto ni anticipado llama a escoger una parte, extraña, que revela una bondad que no es recetario moral sino riesgo y revelación, una forma de conocer el mundo y de dejar que se rehaga.
Ante la exigencia de todas las causas sociales del mundo de ser secundadas con acción y militancia o simpatía ("Jesús, dile que me ayude"), el evangelio nos propone no la contemplación (como clásicamente se define la posición de María) sino el riesgo de la práctica del evangelio –esa parte buena que no pertenece a ninguna causa y nos saca de nuestra posición y lugar para colocarnos ahí donde algo ha de acontecer...
En este mundo tan lastimado hay que hacer algo, cierto, y hay tanto por hacer, pero un amor concreto, por alguien, puede ser esa parte que nos moverá a donde aún no sabemos ni podemos anticipar y que nuestro nuestro obrar simplemente no puede por sí mismo alcanzar...

 

¡Haz algo! y el giro samaritano

 


Tener que hacer algo o tener algo que hacer son quizá dos de las leyes de la vida humana más operativas y comunes de la época. La diferencia parece ser evidente, sin embargo, en última instancia el tener «algo» que hacer termina cayendo en el campo del «tener que hacer».
Si «tengo que hacer algo» ¿qué esperar de dicho hacer? ¿se puede vivir así?
Un texto de Samuel Beckett ("Belacqua") lo ilustra bien:
"Siempre había algo que uno debía hacer después. Se le ocurrieron tres grandes obligaciones. Primero el almuerzo, después la langosta, después la clase de italiano. Para seguir tirando bastaría con eso."
En la vida contemporánea es difícil escuchar la pregunta ¿qué he de hacer que me dé salvación? quizá incluso hasta resulte carente de sentido. En cambio, sí es más común preguntarse: ¿qué haré hoy para seguir "tirando"? ¿qué me daré a hacer para "tirar" el día, para que me mantenga en la vida este día?
El texto refleja bien la cuestión: nos ponemos obligaciones, cosas a realizar para poder vivir, pues de otro modo pudiera no haber nada por lo cual vivir.

Así, la pregunta del maestro de la ley en el relato del Buen Samaritano podría leerse hoy así:
–¿qué he de hacer para seguir tirando el día?
–¿qué dice la ley?
–ponerme obligaciones, darme algo que hacer
–haz eso y vivirás...

Mas si la respuesta de amar a Dios y al prójimo fuera parte de la respuesta, entonces ¿amar será sólo una actividad para «sentirse vivo» o para «no sentir la vida»? Después de todo, también pueden ser parte de lo que nos "damos a hacer" que nos permite o bien sentirnos bien por sus efectos estimulantes o por sus efectos narcóticos. Sin embargo, el evangelio no se queda ahí, ofrece un relato que abre otro camino. Cuando el maestro de la ley pregunta "quién es mi prójimo" lo que ocurre es un movimiento sutil pero importante, pues al no preguntar cómo se ama a Dios –lo cual parecería ser ya muy claro– o al prójimo sino quién es éste, quién es el otro, da lugar al modo cristiano de preguntar por el amor. Lo que el texto ofrece es un cambio inesperado en la pregunta por el amor. No se trata de la determinación de "qué es amar" sino de "qué acontece cuando se ama", y de eso se ocupa la parábola de Jesús: no de definiciones sino de que algo acontece.
Conforme a un lenguaje religioso, en su forma extrema, mientras el «tener algo que hacer» conecta en última instancia con la lógica del sacrificio, pues implica priorizar y descartar todo lo que no es ese «algo», el «tener que hacer algo» nos coloca en el ámbito de las devociones, ese modo de vivir llenando el tiempo de gestos y palabras. O sacrificar en nombre de un objetivo o deseo o llenar el tiempo con "obligaciones", en eso consistiría la vida, una vida sin otro. Existen los objetivos, los propios deseos, mas no hay lugar para otro. Nos damos cosas por hacer para poder vivir, llenamos nuestro tiempo, pero no hay otro, pues no cabe.
Nuevamente el relato del Buen Samaritano: He ahí quien se define por el sacrificio –el sacerdote judío– y también quien se define por el culto a las "devociones" –el levita. La humanidad se halla desposeída, maltrecha y vapuleada por esas leyes que exigen sacrificar todo con tal de obtener lo deseado o llenar el tiempo siempre con algo por hacer para soportar la vida. Ya sea el dominio de lo deseado sobre todo lo demás, o la desesperanza que sólo busca distracción y entretenimiento, difícilmente se puede hablar ahí de amor y de vida. Jesús abre otro camino: el de quien responde, porque lo que permite identificar el amor no son ni los sacrificios ni las devociones, sino el otro y la relación que se da entre ambos.
El mismo Beckett en "Belacqua" habla de "un poco de misericordia para regocijarse a pesar de la condena", casi como si fuera un anestésico, un poco de consuelo sólo para resistir lo terriblemente absurdo de la existencia. En este sentido, la compasión que muestra el samaritano podría ser considerada como un consuelo en este mundo violento, pero considero que el texto tiene algo más que ofrecer. "Consuelo" podría ser el alcanzar con perseverancia las propias metas, incluso el siempre tener algo que hacer para no tener que lidiar con la vida realmente. El gesto del samaritano contado por Jesús aporta algo más: en el amor ocurre un giro inesperado, una inversión –o en términos cristianos, una conversión– junto con una respuesta. Primeramente, la pregunta inicial –quién es mi prójimo– es invertida –quién se hizo prójimo del que estaba caído–; en vez de hallar el hacer para afirmarse a sí mismo –salvarse– el maestro de la ley halló un suceso que lo destituye y quita del centro y lo vuelve otro –el prójimo herido al lado del camino; en vez de hallar el cómo heredar la vida eterna se halló con otro vivir. El cristianismo propone un amor en el que ocurre una conversión, un giro inesperado que pasa por el amor concreto por alguien al grado de hacer posible una alteración del mundo.
Nota importante: no se trata de hacer de este giro, o del lugar del otro, una tarea más a hacer para llenar con bien nuestro día, o para sentir que cumplimos el objetivo, pues nuevamente sería vaciar del otro el amor. En el relato del Buen Samaritano la aparición del otro vapuleado y herido es fortuita, inesperada. Lo que salva no es la acción por sí misma sino lo que ocurre en la respuesta de otro y la respuesta a otro.
Sí, habrá que seguir "haciendo" y "haciendo algo", mas no es el hacer el que salva, sino aquello que, si bien no se da sin nosotros, tiene que ver con nosotros pero ni nos pertenece ni es producido por nosotros.
En este mundo que demanda «hacer» y «hacer algo», el giro inesperado, la sorpresa propios del acontecer del amor mantienen también abiertos los caminos de la esperanza, esa que no es mísero consuelo sino riesgo de una respuesta a la mano tendida de otro que trae consigo su "desastre" y su alegría.
Ante lo que ocurre en nuestro mundo herido no es inusual el llamado a hacer algo ("no pienses ya, actúa"), incluso algún filósofo perspicaz ha lanzado el llamado a pensar y no sucumbir a esa compulsión a actuar. El cristianismo acoge el hacer y el pensar mas no pone su esperanza en ninguno de los dos: pensar y actuar dejando espacio –esperanzadamente– a la respuesta que ha de aportar lo que ni el pensamiento ni la acción humana pueden por sí mismos... no porque asegure que vaya a suceder, sino por lo que puede ocurrir cuando "hay otro"/cabe otro en nuestro pensar y obrar, por la fuerza y consistencia de ese giro inesperado que altera nuestro mundo por la respuesta de otro y a otro... y ese riesgo asumido no es ley, sino expresión de amor.

lunes, 16 de septiembre de 2024

La dicha que nos levanta y comienza algo en medio de todo lo que habla de final y nos tira




 

Entrar en el Reinado de Dios:

Pobres como Dios, que es dignamente libre como un mendigo que no posee ni es poseído sino que despierta la caridad en otros al extender su mano en espera de respuesta

Llorar como Dios, que sufre lo que pasa en nuestro mundo sin dejar de tener presente la bondad que aún hay en él

Mansos como Dios, que no tiene lugar en este mundo sino como gesto de hospitalidad, no de violencia asesina

Hambrientos y sedientos de justicia como Dios, que se sacia saciando a otros por el exceso de su lúcida gratuidad

Misericordiosos como Dios, que hace gestos que atienden a la miseria de otros y que asumiéndola como uno de nosotros, se abre también a nuestra misericordia

Limpios de corazón como Dios, que hace posible que se dé en nuestro mundo lo que sólo su amor puede realizar, transparentes para que sea perceptible su amor

Hacedores de paz como Dios, que persiste en medio de la violencia y del mal en la apuesta amorosa que nos revela como sus hijos por ser íntimos a su corazón

Perseguidos por causa de la justicia como Dios, que no halla lugar en este mundo por entregarse en la búsqueda de cómo dejar que su amor nos rehaga y rehaga nuestro mundo

martes, 28 de mayo de 2024

La confesión cristiana de Dios-Trinidad




1. El Dios cristiano -Trinidad- es inútil.
1.1 Mas lo útil no es la única forma de lo efectivo.
1.2 Algo inútil puede ser efectivo –producir efectos, poner algo en movimiento.
1.3 Al ser inútil no tiene aplicación práctica, no es solución de un problema, ni modelo ideal a imitar, o explicación de toda la realidad.
1.4 Es como la suerte: hace que ocurra algo, excede las pretensiones de lo subjetivo y las determinaciones de lo objetivo, sin obedecer a ninguna de ambas. Lo pone todo en juego. Mas la suerte no sirve para "algo", y aún así, ocurre.
2. Esto no se explica, se entrega como confesión de algo que pasa y se constata qué pasa en lo que pasa.
3. Donde este Dios tiene lugar, algo pasa...
4. Su nombre no puede ser su concepto o definición sino lo que para nosotros revela su ser único –lo que sólo nos es accesible y reconocible desde una íntima relación vivida y compartida de mutua revelación.
5. Así, el Dios cristiano halla su primera palabra o nombre como misterio inaudito –un Dios del que no se había oído y del cual aún no se ha oído todo.
5.1 Hay más acerca de Dios de lo que ya pretendemos saber.
5.2 No es tan primordial «saber acerca de Dios» cuanto que «algo pase con y a partir de Dios».
6. Mas ese nombre nos es inaccesible sin otro.
6.1 Pues mientras la razón nos abre a su posibilidad sólo una vida concreta puede hacernos entrar.
6.2 De ahí que nos remite a Jesús, a su vida íntimamente indisociable de ese misterio de amor inaudito.
6.3 Si lo más fundamental es que «algo pase con y a partir de Dios» esto es lo que hallamos en Jesús: una vida con y a partir de este Dios y lo que pasa en, con, alrededor y a partir de ella.
6.4 Con Jesús pasa algo inaudito –no como discurso, sino como práctica, como vida.
6.5 Esta vida inaudita es nuestro acceso a ese misterio amoroso.
6.6 Pasar por Jesús es establecer un vínculo con él, vínculo encarnado en una apuesta de vida que comparte sus gestos y modos que hacían de su vida, sin pretender manipular o garantizar obtener el fruto esperado o deseado, un acontecimiento desbordante.
7. El acceso a este Dios inaudito revela algo más: lo que nosotros y el mundo aún podemos ser junto con Él. Esto es su Espíritu.
7.1 Lo que hemos sido o planeado ser no es todo.
7.2 Dicho de otro modo, lo inaudito de Dios al implicarnos una apuesta de vida, movidos más allá de nuestros ideales, pretensiones, emociones y afectos, de lo consciente y de lo inconsciente, nos abre y expone a la revelación también de nuestra propia vida cuya forma y desenlace final desconocemos.
7.3 La vida por venir (con Dios) revela que nuestra vida es aún inaudita provocando así nuestra entrega como capacidad de perseverar y crear desde esa apuesta de vida.
7.4 Esta vida por venir nos revela algo íntimo de Dios pero no sin nosotros.
7.5 La revelación última de Dios no se da sin nosotros ni sin el mundo.
8. La confesión cristiana de Dios es poner en el mundo algo que lo desborda.
8.1 Una vida que revela como posible el vivir desde lo imposible y en la que Dios también se revela mostrándonos que aún queda Dios por venir.
9. Creer es desbordar el mundo dejándose exceder por un gesto de amor.
10. Abrir salidas, encender chispas, corresponde a lo teológico. Dar soluciones, mantener o encauzar el fuego, a lo tecnológico.

viernes, 16 de diciembre de 2022

 El Nacimiento del Mesías en estos tiempos: una provocación literal

“En tiempos de una globalización que exigía cada vez más recolección de datos, todo ser humano fue constreñido a registrarse proveyendo desde información biográfica, gustos e intereses, tendencias afectivas hasta datos biométricos. Todos participaban de esa gran colecta de información, ya fuera mediante el internet o en las oficinas y medios físicos de registro de las instituciones. Así sucedió con una pareja, quienes probablemente se encontraban en esos márgenes en los que apenas se alcanza a registrar algo de su existencia, aun cuando fueran parte de lo que trae a la existencia a otro ser humano a este mundo.
Mientras estaban en ese interminable e imparable proceso de continuo registro, codificación y consumo de la vida, a esa pareja en precariedad e incierta supervivencia le llegó el momento de dar a luz a un ser humano que, anónimo como era, apenas halló un lugar para nacer y yacer, pues no había lugar digno para quienes no ofrecían ninguna información útil para registrar ni aportaban nada que fuera de interés en el mercado en que se ha convertido la vida.
En algún lugar en medio de ese ir y venir de datos y de circulación de personas en función de una economía y mercados al servicio de sí mismos –pero con buena voluntad, al menos voluntad de eficiencia y utilidad– había algunas personas funcionales aunque relativamente marginales –eran poco relevantes a nivel de decisiones y efectos en el sistema, pues se hallaban ‘bien’ en su funcionalidad marginal– que incluso a deshoras y con cansancio mantenían las cosas como estaban. A éstas les llegó algo que probablemente vendría de Dios –porque es raro y hasta un tanto inesperado y arriesgado en lo que propuso– y dio lugar a una proposición extraña, incómoda y poco verosímil, la cual suscitó algo de temor porque parecía ir en serio y ser muy literal: «Juéguensela en esto: hay una buena noticia, algo que se revela sólo a quien se aventure a ser realmente pueblo con otros, en especial con los sin-pueblo, es decir, con quienes ni están registrados –los sin papeles, sin pertenencia, sin propiedad, vidas perdidas– ni tienen valor, ni como información ni como parte de los valores del sistema de recompensas y utilidad de y para los egocentrismos que dinamizan nuestro mundo. Esta buena noticia comienza algo y tiene carne y vida en este mundo, hoy, al interno mismo de esta fría y compartimentada sociedad, en algún lugar de la ciudad; se trata de aquello a través de lo cual se cuela a nuestro mundo otra vida real –no mero ideal–, auténtica, digna de ser llamada vida, y que desborda y descoloca nuestras políticas, psicologías y otras formas de saber y actuar. Si quieren encontrarse con esto, he aquí hacia dónde han de ir: a quien en esta noche fría está envuelto en desnudez y abandono, posiblemente cubierto con un periódico o unos sucios harapos yaciendo en el piso, sin nombre, un bulto más para el espectáculo de las pantallas móviles que van y vienen por todos lados.   
De repente esta excesivamente literal propuesta se vio acompañada por la inesperada sensación de que en verdad, ahí podría estar Dios, la vida que nos vive y nos vuelve, al realizar este excesivo y arriesgado acto, testigos y lugar de una alegría para este mundo… para quienes quedaron al margen de él… y quizá también para nosotros…” 

(Cf. Lc 2,1-14)

lunes, 8 de julio de 2019

Curar la vida


XIV Domingo del Tiempo Ordinario


Pónganse en camino, sin dinero, sin morral, sin sandalias, sin detenerse... (Lc 10, 3-4) 

Siempre nos desinstalas, Jesús, porque no supiste nunca estar encerrado en un templo, esperando que las cosas sucedieran, planeando y organizando estrategias pastorales.

Lo tuyo era andar de camino, siempre. Bordeando las ciudades, peregrino del Padre, recorriendo aldeas y veredas.

Desprovisto de seguridades externas: solo un amor ardiente en el corazón y los ojos abiertos a toda miseria humana.

Tu estilo asusta. No sabemos ser misioneros a tu modo. Creemos que el éxito de la misión se define por nuestros apegos. Y entonces tú nos desinstalas y nos envías a curar enfermos, a anunciar que el Reino del Padre está cerca, está próximo, está aconteciendo.

De dos en dos, nunca solos. Algunos tramos en silencio pero acompañados. De dos en dos para dejar un espacio para ti. Sin dinero, sin morral, sin detenernos. Vacíos de expectativas, abiertos al camino y a encontrarte en nuestras conversaciones y en nuestras propias heridas.

Nos envías para sanarnos de esa enfermedad de permanecer encerrados en nuestros miedos y en nuestras tristezas, encadenados a rencores viejos. Nos envías como corderos en medio de lobos. Nos envías para curar nuestra vida. Nos envías para curar la vida.

Curar heridas, curar la vida, expulsar demonios. Cuando dijiste "La cosecha es mucha y los trabajadores pocos", no buscabas expandir tu negocio, sino curar toda la vida. Curar nuestras soledades, sanar nuestros miedos insanos para hacerlos funcionales. Curar la vida, hacer lo que tú hiciste siempre.