Ejercicios de cristianismo, cuaresma 2015.
Dado el carácter de exposición e interacción no se incluyen notas bibliográficas. Se trata más de un documento de notas y guía de exposición que un ensayo o tema desarrollado más formalmente.
He aquí el link para descargar el pdf.
https://mega.co.nz/#!j4pDzaaa!watroXYdiCmcAGPzSOfRuU8-LcOArra0Vsm6ZR6EBeE
Algunos de los vídeos citados (en orden de aparición, los faltantes no tuve oportunidad de subirlos a YouTube aún):
(Into deep joy)
https://youtu.be/L5y3IK5w9TY
(Franklyn religion)
https://youtu.be/CAjoeudjZzo
I am a human being
https://youtu.be/0rO0BHSPXQg
(El empleo)
https://youtu.be/cxUuU1jwMgM
(Comprar al pobre)
https://youtu.be/Z5r_OpBtahU
Para creer lo posible desde lo imposible… Otras lecturas posibles para otro mundo posible
domingo, 22 de marzo de 2015
domingo, 8 de febrero de 2015
Otra historia posible
V Domingo Ordinario
Mc 1, 29-39
Mc 1, 29-39
La campaña publicitaria de Sears México «Lo quiero, lo
compro, lo tengo» sintetiza el deseo de poseer como un punto de inicio de una
historia. Como si se tratase de una fórmula a seguir (a + b = c) –en estos
tiempos es más fácil buscar fórmulas prácticas que caminos por descubrir– este
moto publicitario pone en marcha una historia; una buena frase es capaz de
iniciar historias… O como si se tratase
de un razonamiento: lo quiero, (porque puedo quererlo), luego lo compro (porque
puedo comprarlo), luego lo tengo (porque puedo tenerlo) y su común denominador:
el “puedo”.
La historia se escribe, desde el deseo del “poseer”.
Una historia escrita desde los no-límites. La falta de establecer límites a las
ganancias (las ausencias también inician historias), garantiza la continuidad
de un sistema generador de víctimas.
Las lecturas de este domingo, tienen que ver con otra
historia posible. No es el deseo del poseer -a costa de las consecuencias de la realización
de ese deseo-, sino el sufrimiento del hombre el que vertebra la trama: «Como un
esclavo que suspira por la sombra, como un asalariado que espera su jornal, así
me han tocado en herencia meses vacíos, me han sido asignadas noches de dolor»
(Primera lectura). Por eso, para el
israelita, Dios (quizá solo puede ser Dios porque) es el que «sana a los que
están afligidos y les venda las heridas» (Salmo responsorial). Y Pablo, desde
una vida irrumpida por el Dios humanizado, «siendo libre, se hace esclavo,
débil con los débiles, todo para todos» (Segunda lectura)
Marcos presenta a Jesús curando, iniciando una historia
nueva (¡es el capítulo 1 del evangelio!) Curar, para Jesús, no es una
manifestación de poder, sino una toma de postura frente a una realidad
concretísima y por tanto, una relación con el otro. Si Dios entra a la
historia, o lo hace curando o no fue Dios quien se metió a la historia.
domingo, 10 de agosto de 2014
Llegada la noche, estaba allí solo, en "los bordes"
XIX Domingo del Tiempo Ordinario
Mt 14, 22-33
El que Jesús camine sobre las aguas, a primera vista, puede parecer un acto de magia; o en todo caso, un efecto de su condición divina: porque es Dios, porque "puede" violentar las leyes de la naturaleza a su antojo, camina sobre el mar. Se trataría de una autoridad fundamentada en el poder. Pero, ¿así será realmente la autoridad de Jesús?
Recordemos que el relato no nos presenta el evento aislado. El evangelista es muy cuidadoso: después de saciar a la gente, se aparta a un lugar. La noche lo encontró solo. Conociendo lo que podemos conocer sobre él, es difícil suponer que en esa soledad Jesús maquinara su próxima intervención milagrosa delante de los apóstoles. Se trata más bien de un momento de profunda intimidad, de resonancias que hay que ubicar, puesto que lo que ha acaba de ocurrir, no es algo que se vea todos los días.
El texto de hoy es la continuación del relato de la multiplicación de los panes. Parece que lo que Jesús ha experimentado ese día en que cinco panes y dos peces alcanzaron para tanta gente, ha sido de tal impacto para él, que el día no puede terminar sin más, sino solo en la soledad de la noche exponiéndose delante del Padre.
Quien ha tenido la oportunidad de ser testigo de la gratuidad de Dios, manifestada en la bondad de la que es capaz el hombre al ver a su hermano en necesidad, puede testificar que no se puede terminar el día sin resonancias, sin provocaciones, sin que el mundo interno se resquebraje, al menos un poco.
A Jesús le ha sucedido algo semejante. Su humanidad se ha visto interpelada por el hambre. La humanidad de Dios se ha visto afectada por el hambre. La divinidad de Jesús, que es la misma que la del Dios que "escucha el clamor de su pueblo y ve el látigo de los capataces", no puede desentenderse de que el hombre tiene hambre. Dios no puede seguir siendo Dios de la misma manera, sino es volcado sobre el hombre, a quien tanto ama, para darle de comer.
De la misma manera, la comunidad de creyentes no podemos creer de la misma manera tras experimentar, en carne propia, el hambre y sus estragos. Llegará el tiempo en el que, para el creyente, lo primero será atender el imperativo que cuestiona toda humanidad: "denles ustedes de comer" y luego organizar el culto (y si no quedara tiempo en el día, que la noche nos encuentre en él, como a Jesús).
Cuando la humanidad de Jesús ha sido manifestación de su divinidad (entendida como la preocupación amorosa, tierna y solidaria de Dios por su pueblo) los apóstoles le han reconocido en ese mar de indiferencias turbias que ponen el riesgo el proyecto de la barca (signo de la Iglesia). Es ahí, cuando su presencia se abre paso y nos sale al encuentro. Parece que a Pedro (y a todo creyente) le ha costado reconocer que el fundamento de la autoridad de Dios sea en el riesgo asumido por dar de comer a otros y en la soledad que recoge los rostros alimentados. Desde el encuentro con su Padre, Jesús viene a encontrarse con nosotros. Que desde el encuentro con él, podamos encontrarnos con nosotros. Que la noche nos encuentre en los bordes.
domingo, 27 de abril de 2014
Recíbanos...
Y de repente nos encontramos con un vacío, un espacio ocupado por una ausencia.
Todo lo que habíamos vivido, la ilusión, la esperanza de caminar con alguien que le dio un giro nuevo a nuestra existencia, ahora ya no estaba.
Nos fue arrebatada y no terminábamos de entender porqué.
Cierto era que sentíamos algo de culpabilidad; no supimos entenderle, no supimos acompañarle.
Algo dentro de nosotros nos recordaba que toda opción implica una ruptura. Pero no sabíamos hasta qué punto estábamos dispuestos a asumir esa ruptura.
Quizá por eso teníamos las puertas cerradas. No terminábamos de entender que toda ruptura también implica una opción: la de abrir la puerta de nuevo.
Fue algo extraño. La puerta no se abrió, sino que caíamos en cuenta de que Alguien estaba presente dentro de nosotros, justamente en medio. Por eso, como dijera Rilke más tarde, no nos dio miedo que Jesús entrase, sino descubrir cuán presente ya estaba dentro de nosotros.
De repente, la ausencia dejó de ser espacio vacío. Es lo que sucede tras un encuentro: el vacío deja de serlo y se convierte en disponibilidad para que algo nuevo pudiera suceder. Esa fue nuestra alegría; no se trataba de un vacío, sino de disponibilidad; y para ser disponibles, hay que saber vaciarse de vez en cuando.
Pero nuestra alegría se ensanchó cuando descubrimos que la disponibilidad era posibilidad de recibir lo que se nos había sido arrebatado. Por eso, cuando caíamos en la cuenta de la presencia de ese Alguien, entendimos eso de "Reciban"... No se trataba de volver a lo de antes, sino de abrirnos a algo totalmente nuevo, algo que nos fascinaba pero a la vez nos atemorizaba. Quizá por eso él se dio cuenta de que vacíos no podíamos llegar muy lejos. Nos fue conduciendo del vacío a la disponibilidad, de la disponibilidad al "recibir" no sólo lo que se nos había arrebatado, sino también aquello que no sabíamos que necesitábamos.
Hubo uno de nosotros que no lo comprendió así; para él, el vacío seguía siendo vacío y no estuvo disponible para recibir lo que nos hacía falta. Quizá en el fondo se negaba a reconocer que le hacía falta recibir algo. Por eso no estuvo con nosotros ese día. Y cuando le dijimos que el vacío se nos convirtió en disponibilidad, argumentó desde la razón.
Y ahí volvimos a entender. Que siempre que entre alguno de nosotros hubiera un vacío, lo habría para todos. Y volvió a suceder: lo descubrimos en medio de nosotros, una vez más -y desde entonces lo sigue haciendo- para decirnos: "recíbanos"...
miércoles, 2 de abril de 2014
La esclavitud de la salvación: la Samaritana
El largo relato del encuentro de Jesús con la mujer samaritana (Jn 4,5-42) es rico en simbolismo y en temas. Uno de los posibles temas, y que probablemente resulta desafiante y problemático, es el de la idea de "el salvador". Ciertamente la conclusión del texto sugiere que Jesús es el salvador del mundo. Sin embargo, llegar a dicha conclusión ignorando la crítica presentada en el relato puede conducir a traicionar el sentido y modo en que Jesús es designado como salvador.
Tres "lugares temáticos" del texto delinean la insistencia en la crítica hacia lo que prometa salvación:
1) La mujer va constantemente por agua al pozo, tarea que sin duda no sólo es ardua y fatigosa sino inevitable. No se puede vivir sin agua… hay que ir por ella. Esta es una realidad que cansa, incluso ahoga: estar cansado de algo, desear prescindir de ello, y aun así necesitarlo. El cansancio queda bien expresado por la mujer en su entusiasmo al decir "para que ya no tenga más sed ni tenga que volver a venir por agua nunca más".
2) El pozo de Jacob da pie a la discusión relativa al lugar de culto. Unos van a Jerusalén y otros al Monte Garizim. La imposibilidad de definir cuál es el "correcto" deja sin escape. La mujer también parece estar cansada de esas luchas por saber dónde está la verdad religiosa. De hecho, su comentario deja entrever que viene con una intención específica: provocar una respuesta de parte del profeta (Jesús) para dirimir la cuestión. Cansada pero anhelante, espera una respuesta de alguien más, respuesta definitiva.
3) El diálogo deriva hacia la vida de la mujer. Jesús hace notar a esta mujer que el mismo círculo sin salida de ir a buscar agua sin lograr liberarse de la sed y del trabajo de ir por aquello que la mitiga, lo mismo que la cuestión de la respuesta relativa al lugar de culto, se repite en su vida afectiva-social. Ha estado cambiando de marido constantemente como quien no logra encontrar lo que realmente la sacie, la realice. El comentario no apunta hacia el aspecto de moralidad o inmoralidad del cambio de pareja sino a una toma de conciencia crítica de la lógica subyacente a las búsquedas simbolizadas en el texto como «sed»: vida fisiológica, verdad y afectividad. Cansada de su situación "sin salida" –hay que beber, dar culto a Dios, amar a alguien–, la mujer espera continuamente que "algo/alguien" la salve de su situación. Se aferra al «agua viva», a la palabra del profeta, a la promesa del amor, como si en ellas estuviera su salvación. Cada vez que cree encontrar su salvación, termina sometida a su "salvador". La espera de un salvador esclaviza, consume las fuerzas, ancla más profundamente en el poder de lo inmediato.
Esa «sed» es una maldición.
Sin embargo, la propuesta de Jesús da un giro completamente diferente a esa sed. Sus respuestas no sólo desbordan la expectativa, sino que convierten la maldición en fuente de liberación:
A la sed de agua, propone: ¡Agua! pero agua que convierta su sed en fuente de "bebida" para otros ("de su seno brotarán ríos de agua viva").
A la cuestión de la verdad religiosa Jesús no da solución, sino que simplemente hace que lo que estaba al origen del conflicto –dar culto a Dios– sea posible para todos.
A la situación afectiva, Jesús no da ninguna indicación moral, sólo constata lo que ocurre y la mujer da su respuesta: va y comparte con otros lo descubierto.
La experiencia de la sed nos capacita para poder dar de beber a otros. El experimentar el anhelo de liberación –se le llama necesidad para resaltar su imperiosidad e intensidad– sólo libera cuando uno se pone en juego para que sea posible la liberación de otros y con otros. No "liberar a otros", sino hacer posible la liberación de otros y con otros.
No se trata de un mero conocimiento, al estilo del gnosticismo. Lo que sucede con los samaritanos lo pone en claro, se trata de conducir al encuentro, a la experiencia: a ponerse en juego. El intermediario que nos pone en contacto o nos "abre los ojos" es importante y fundamental, pero al final, la puesta en juego de uno mismo es indispensable. No es mero conocimiento, sino la verdad que trastoca toda la existencia.
Solidaridad en la finitud, en la experiencia de opresión, en el anhelo de liberación, no para huir de lo "negativo", sino porque compartirlo con otros es nuestra fuerza. Como se ve, paradójicamente, "el salvador" esclaviza, ata, mientras que la carencia de salvador compartida es fuente de un gran potencial de liberación. Pero para no convertir esa «carencia de salvador» en un "nuevo salvador" será necesario conservar la esperanza como resistencia –y con poca certeza de éxito–, no como espera… la fraternidad enraizada en el sufrimiento y desgarro hunde sus raíces en lo más profundo de cada uno, y por ello es también fuente de una fuerza tremendamente liberadora, aunque no siempre fácil de orientar…
Como decía Horkheimer: "podemos señalar el mal, pero no lo absolutamente correcto". Si Jesús es reconocido como "salvador del mundo", no es porque haya sido el esperado, sino precisamente porque su profunda solidaridad lo revela como "no salvador" que despierta un pueblo y su potencial liberador. (De hecho, lo que sucederá en la crucifixión después de la entrada "triunfal" con los ramos a Jerusalén es producto de eso: el drama de un salvador que se negó a "salvar(nos)".
Tres "lugares temáticos" del texto delinean la insistencia en la crítica hacia lo que prometa salvación:
1) La mujer va constantemente por agua al pozo, tarea que sin duda no sólo es ardua y fatigosa sino inevitable. No se puede vivir sin agua… hay que ir por ella. Esta es una realidad que cansa, incluso ahoga: estar cansado de algo, desear prescindir de ello, y aun así necesitarlo. El cansancio queda bien expresado por la mujer en su entusiasmo al decir "para que ya no tenga más sed ni tenga que volver a venir por agua nunca más".
2) El pozo de Jacob da pie a la discusión relativa al lugar de culto. Unos van a Jerusalén y otros al Monte Garizim. La imposibilidad de definir cuál es el "correcto" deja sin escape. La mujer también parece estar cansada de esas luchas por saber dónde está la verdad religiosa. De hecho, su comentario deja entrever que viene con una intención específica: provocar una respuesta de parte del profeta (Jesús) para dirimir la cuestión. Cansada pero anhelante, espera una respuesta de alguien más, respuesta definitiva.
3) El diálogo deriva hacia la vida de la mujer. Jesús hace notar a esta mujer que el mismo círculo sin salida de ir a buscar agua sin lograr liberarse de la sed y del trabajo de ir por aquello que la mitiga, lo mismo que la cuestión de la respuesta relativa al lugar de culto, se repite en su vida afectiva-social. Ha estado cambiando de marido constantemente como quien no logra encontrar lo que realmente la sacie, la realice. El comentario no apunta hacia el aspecto de moralidad o inmoralidad del cambio de pareja sino a una toma de conciencia crítica de la lógica subyacente a las búsquedas simbolizadas en el texto como «sed»: vida fisiológica, verdad y afectividad. Cansada de su situación "sin salida" –hay que beber, dar culto a Dios, amar a alguien–, la mujer espera continuamente que "algo/alguien" la salve de su situación. Se aferra al «agua viva», a la palabra del profeta, a la promesa del amor, como si en ellas estuviera su salvación. Cada vez que cree encontrar su salvación, termina sometida a su "salvador". La espera de un salvador esclaviza, consume las fuerzas, ancla más profundamente en el poder de lo inmediato.
Esa «sed» es una maldición.
Sin embargo, la propuesta de Jesús da un giro completamente diferente a esa sed. Sus respuestas no sólo desbordan la expectativa, sino que convierten la maldición en fuente de liberación:
A la sed de agua, propone: ¡Agua! pero agua que convierta su sed en fuente de "bebida" para otros ("de su seno brotarán ríos de agua viva").
A la cuestión de la verdad religiosa Jesús no da solución, sino que simplemente hace que lo que estaba al origen del conflicto –dar culto a Dios– sea posible para todos.
A la situación afectiva, Jesús no da ninguna indicación moral, sólo constata lo que ocurre y la mujer da su respuesta: va y comparte con otros lo descubierto.
La experiencia de la sed nos capacita para poder dar de beber a otros. El experimentar el anhelo de liberación –se le llama necesidad para resaltar su imperiosidad e intensidad– sólo libera cuando uno se pone en juego para que sea posible la liberación de otros y con otros. No "liberar a otros", sino hacer posible la liberación de otros y con otros.
No se trata de un mero conocimiento, al estilo del gnosticismo. Lo que sucede con los samaritanos lo pone en claro, se trata de conducir al encuentro, a la experiencia: a ponerse en juego. El intermediario que nos pone en contacto o nos "abre los ojos" es importante y fundamental, pero al final, la puesta en juego de uno mismo es indispensable. No es mero conocimiento, sino la verdad que trastoca toda la existencia.
Solidaridad en la finitud, en la experiencia de opresión, en el anhelo de liberación, no para huir de lo "negativo", sino porque compartirlo con otros es nuestra fuerza. Como se ve, paradójicamente, "el salvador" esclaviza, ata, mientras que la carencia de salvador compartida es fuente de un gran potencial de liberación. Pero para no convertir esa «carencia de salvador» en un "nuevo salvador" será necesario conservar la esperanza como resistencia –y con poca certeza de éxito–, no como espera… la fraternidad enraizada en el sufrimiento y desgarro hunde sus raíces en lo más profundo de cada uno, y por ello es también fuente de una fuerza tremendamente liberadora, aunque no siempre fácil de orientar…
Como decía Horkheimer: "podemos señalar el mal, pero no lo absolutamente correcto". Si Jesús es reconocido como "salvador del mundo", no es porque haya sido el esperado, sino precisamente porque su profunda solidaridad lo revela como "no salvador" que despierta un pueblo y su potencial liberador. (De hecho, lo que sucederá en la crucifixión después de la entrada "triunfal" con los ramos a Jerusalén es producto de eso: el drama de un salvador que se negó a "salvar(nos)".
sábado, 15 de marzo de 2014
Transfiguración: entre Rebelarse y Revelarse
El texto de la transfiguración, en la versión de Mateo, está enmarcado entre al menos dos importantes situaciones-escenas: el primer anuncio de la pasión, con su consecuente llamada radical al seguimiento, y el segundo anuncio de la pasión, antecedido por una crítica a la incapacidad de reconocer los signos de Dios –en este caso, la llegada de "Elías" en la figura de Juan el Bautista y la poca fe para liberar a un oprimido por una fuerza del mal.
La llamada al seguimiento es radical: "el que quiera salvar su vida, la perderá, pero quien la pierda por mí, la encontrará". La pasión no es destino trágico, en todo caso, se trata de una conciencia clara sobre las implicaciones del Reino: conflicto con los poderes fácticos, e incluso con la visión de la comunidad misma (reprensión de Pedro a Jesús, como quien dice "si tu vienes de Dios, ni conflictos ni sufrimiento ni derrota ¡Dios no puede tener que ver con eso!" ¿Acaso una posible crítica a ciertos pacifismos radicales que pretenden excluir o eliminar toda manifestación de violencia y conflicto?). Nuevamente, la pasión –en tanto que conflicto, y que puede conducir a una muerte violenta– no es destino, es parte de las implicaciones del Reino en tanto que "ruptura con el orden injusto imperante". Esta es la rebelión. En esta rebelión ("rebelación") de Jesús se revela el Reino.
La incapacidad para reconocer a "Dios", o mejor, sus signos, tiene que ver con que en el Reino anunciado por Jesús, Dios se "rebela" contra las imágenes que hacen de él un cómplice con la injusticia, la opresión, y la mentira. Una "revelación" de Dios que incapacita para acoger el Reino, o en concreto, para liberar –y ciertas formas de "espiritualidad" contemporáneas, aunque prometen y explícitamente hablan de liberar, se muestran muy cortas en su potencial de liberación efectiva, "mucha armonía, poca justicia"– es autoengaño, alienación... o cinismo. La fe no es "poder" a secas, sino poder de liberación. Pero esta liberación no tiene la forma del sujeto occidental, autoliberado, sin creencias, y ansioso por dejar salir cuanto le de la gana. La liberación pasa por un compromiso serio con otros, con la creación de un mundo posible, y con los conflictos que esto implica y acarreará. La revelación de Dios, el Reino, se rebela en Jesús.
De este modo, en la transfiguración se ve la puesta entre paréntesis tanto de la Ley como de los Profetas (Moisés y Elías), que eran los principales referentes de la fe judía. El imperativo de "Escucha Israel" pasa a ser "escuchen a mi hijo (Jesús)". En otros términos, se trata de seguimiento. La vida de Jesús aparece como la nueva Ley, en la cual se plasma y encarna la Nueva Alianza. No ley en términos de obediencia sino de expresión que permite reconocer, es decir, como código que al ser praxis permite reconocer el Reino, al Dios de Jesús. Lo que está en cuestión en la transfiguración no es el poder de Dios, ni la divinidad de Jesús, sino de qué Dios se trata, y qué significa –y verifica– seguir a Jesús. En la revelación de Jesús como el hijo amado de Dios, Dios se rebela al "mundo" –orden injusto. En la rebelión –"rebelación"– de Dios que rompe con cualquier complicidad con la injusticia que vuelve su amor en mero anestésico y manipulación, Jesús se revela al "mundo".
Los tres testigos, conforme a la tradición judía no sólo certifican esto, sino que además, al ser tocados para ser puestos en pie "sin miedo" –el verbo griego utilizado tiene cierta connotación intensiva del tocar: tocar que enciende– se vuelven parte de esta revelación/rebelión.
Una rebelión que no revela los mecanismos de opresión y complicidades ni abre una posibilidad de un nuevo mundo, en especial para los "inexistentes" de nuestra sociedad, no es rebelión digna de seguirse.
Una revelación que no implica una puesta en juego de sí mismo, una ruptura que haga posible otro modo de vivir en la justicia y el amor, y especialmente que no lleve a una efectiva puesta en pie de los que están tirados por miedo o por devoción, no es revelación digna de creerse.
En Jesús, no se puede acoger la revelación de Dios sin rebelarse, ni es posible una rebelión sin revelarse -exponerse, ponerse en juego.
La llamada al seguimiento es radical: "el que quiera salvar su vida, la perderá, pero quien la pierda por mí, la encontrará". La pasión no es destino trágico, en todo caso, se trata de una conciencia clara sobre las implicaciones del Reino: conflicto con los poderes fácticos, e incluso con la visión de la comunidad misma (reprensión de Pedro a Jesús, como quien dice "si tu vienes de Dios, ni conflictos ni sufrimiento ni derrota ¡Dios no puede tener que ver con eso!" ¿Acaso una posible crítica a ciertos pacifismos radicales que pretenden excluir o eliminar toda manifestación de violencia y conflicto?). Nuevamente, la pasión –en tanto que conflicto, y que puede conducir a una muerte violenta– no es destino, es parte de las implicaciones del Reino en tanto que "ruptura con el orden injusto imperante". Esta es la rebelión. En esta rebelión ("rebelación") de Jesús se revela el Reino.
La incapacidad para reconocer a "Dios", o mejor, sus signos, tiene que ver con que en el Reino anunciado por Jesús, Dios se "rebela" contra las imágenes que hacen de él un cómplice con la injusticia, la opresión, y la mentira. Una "revelación" de Dios que incapacita para acoger el Reino, o en concreto, para liberar –y ciertas formas de "espiritualidad" contemporáneas, aunque prometen y explícitamente hablan de liberar, se muestran muy cortas en su potencial de liberación efectiva, "mucha armonía, poca justicia"– es autoengaño, alienación... o cinismo. La fe no es "poder" a secas, sino poder de liberación. Pero esta liberación no tiene la forma del sujeto occidental, autoliberado, sin creencias, y ansioso por dejar salir cuanto le de la gana. La liberación pasa por un compromiso serio con otros, con la creación de un mundo posible, y con los conflictos que esto implica y acarreará. La revelación de Dios, el Reino, se rebela en Jesús.
De este modo, en la transfiguración se ve la puesta entre paréntesis tanto de la Ley como de los Profetas (Moisés y Elías), que eran los principales referentes de la fe judía. El imperativo de "Escucha Israel" pasa a ser "escuchen a mi hijo (Jesús)". En otros términos, se trata de seguimiento. La vida de Jesús aparece como la nueva Ley, en la cual se plasma y encarna la Nueva Alianza. No ley en términos de obediencia sino de expresión que permite reconocer, es decir, como código que al ser praxis permite reconocer el Reino, al Dios de Jesús. Lo que está en cuestión en la transfiguración no es el poder de Dios, ni la divinidad de Jesús, sino de qué Dios se trata, y qué significa –y verifica– seguir a Jesús. En la revelación de Jesús como el hijo amado de Dios, Dios se rebela al "mundo" –orden injusto. En la rebelión –"rebelación"– de Dios que rompe con cualquier complicidad con la injusticia que vuelve su amor en mero anestésico y manipulación, Jesús se revela al "mundo".
Los tres testigos, conforme a la tradición judía no sólo certifican esto, sino que además, al ser tocados para ser puestos en pie "sin miedo" –el verbo griego utilizado tiene cierta connotación intensiva del tocar: tocar que enciende– se vuelven parte de esta revelación/rebelión.
Una rebelión que no revela los mecanismos de opresión y complicidades ni abre una posibilidad de un nuevo mundo, en especial para los "inexistentes" de nuestra sociedad, no es rebelión digna de seguirse.
Una revelación que no implica una puesta en juego de sí mismo, una ruptura que haga posible otro modo de vivir en la justicia y el amor, y especialmente que no lleve a una efectiva puesta en pie de los que están tirados por miedo o por devoción, no es revelación digna de creerse.
En Jesús, no se puede acoger la revelación de Dios sin rebelarse, ni es posible una rebelión sin revelarse -exponerse, ponerse en juego.
sábado, 8 de marzo de 2014
Tentaciones y capitalismo: el imperativo de pensar
Desde una perspectiva del capitalismo como religión, el siguiente clip de Zizek abre la posibilidad a una interpretación no tradicional de las tentaciones del Mesías (versión de Mateo). Tal interpretación trata de decir e interpretar nuestra situación presente desde lo expuesto por este filósofo. Algunos puntos no son presentados directamente en la exposición, sino que surgen de acoger la provocación filosófica.
-«Si eres Hijo de Dios, di que estas piedras se conviertan en panes. »
"No sólo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios."
1) El pan no se saca de las piedras, es decir, no se puede prescindir del proceso del trabajo, lo mismo que la Palabra no es mera receptividad, sino acontecimiento transformador que implica la respuesta humana. En este sentido, la expectativa relativa a un cambio de sistema económico o político ha de incluir la perspectiva del trabajo, por lo que toda transformación en el orden sociopolítico, de la conciencia y de las relaciones no puede darse al margen de aquél. (De ahí cierto recelo hacia anuncios semi-mesiánicos de un período de cambio de conciencia o de espiritualidad que no contemplan esta dimensión fundamental de la existencia humana (el trabajo), lo cual puede ser una perpetuación de la injusticia).
-«Si eres Hijo de Dios, tírate abajo, porque está escrito: «Encargará a los ángeles que cuiden de ti, y te sostendrán en sus manos, para que tu pie no tropiece con las piedras. " »
-«También está escrito: "No tentarás al Señor, tu Dios."»
2) la transformación del mundo -incluida la superación de un sistema como el neoliberalismo capitalista- implica pensar, la fatiga y riesgo de pensar, y no actos de compulsividad irreflexiva (sin rayar en la pasividad o contemplación insignificante).
Si bien una revolución podría poner fin a una hegemonía, esto no sucederá sin heridas. Asumir o no una rebeldía, revolución, protesta, que implique violencia o no, ha de ser también parte de la apuesta reflexiva -pero aún así siempre arriesgada- humana, consciente de que "toda resistencia es una ruptura con lo que es. Y toda ruptura comienza, para el que se compromete con ella, por una ruptura consigo mismo." (Badiou)
Después el diablo lo lleva a una montaña altísima y, mostrándole los reinos del mundo y su gloria, le dijo: -«Todo esto te daré, si te postras y me adoras.»
"Al Señor, tu Dios, adorarás y a él solo darás culto."
3) tal vez lo más desafiante, afrontar, develar y romper el mito del valor, cuya promesa resulta no sólo atractiva sino sumamente convincente. La complejidad del valor: ¿qué es lo que confiere "valor"? ¿De dónde proviene y en qué consiste su poder? ¿Qué significa el valor? Esto es doblemente desafiante en un época en la que la pregunta por el "cuánto" es más usual y comprendida que la pregunta ir el "qué significa".
PENSAR (con ese pensamiento que es también PRAXIS) más allá del sistema económico-político actual implica pensar desde dentro de él, o más precisamente, desde los lugares que él mismo excluye, pues estos lugares (llámense cinturones de miseria, barrios marginados, migrantes, habitantes de la calle, etc) conocen "el secreto" de dicho sistema-mundo.
La perspectiva encarnada del evangelio no hace menos desafiante la realidad, sino que abre desde ese horizonte en el que parecería que nada más es posible, la posibilidad de un mundo nuevo, un mundo más allá del sacrificio.... de otros... Si el amor se limita a "enmendar" las deficiencias en los ámbitos de lo económico, lo político y lo social, en vez de producir también el pensamiento y praxis que pueden transformarlos, terminará siendo una "pasión útil", pero útil sólo para unos cuantos...
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