En griego, la palabra “santo” (ἅγιος / agios) tiene que ver con “diferente y
separado” y con esto nos fuimos haciendo la idea de que un santo es un ser
humano en el que hay un excedente de virtud (ἀρετή / areté) -cuya raíz en griego
está en la base de la palabra “aristocracia” (ἄριστος/aristos: “el mejor” que
viene de areté:virtud / κράτος/kratos: poder) es decir, el poder de los mejores
o del “club de los virtuosos”-. Este excedente de virtuosidad le hace ser mejor,
estar separado. De hecho, en la proclamación de un “santo”, se suele decir que
se canoniza a tal persona porque ha vivido las virtudes cristianas en grado
heróico.
Para la fiesta de todos los santos y santas, la liturgia de la Iglesia
ha elegido un texto del evangelio sorprendente, inquietante, fascinante: estamos
en el llamado “sermón del monte”, dentro del cual Jesús proclama las “ocho
locuras” (José Luis Martín Descalzo) subversivas, es decir, las
“bienaventuranzas” y en ellas no encontramos una defensa de la élite de los
virtuosos, sino la felicidad escondida en situaciones más bien infelices y poco
redituables.
Los evangelistas han utilizado la palabra “makarios” (μακάριος) que
refiere a la felicidad de los dioses para poner en labios de Jesús ocho
proclamaciones: felices los pobres, los mansos, los que lloran, los que tienen
hambre y sed de justicia, los misericordiosos, los limpios de corazón, los que
trabajan por la paz y los que son perseguidos por buscar la justicia. En arameo
hay una expresión aún más fascinante: “Tubwayhun” (טּוּבֵיהוֹן). La raíz “tub”
refiere a "madurez", "dar fruto", "enderezarse" o "estar en el camino correcto"
y tiene un sentido de exclamación de acción o exhortación: “Pónganse en marcha…
adelante hacia…” ¿Cómo se habrán escuchado las bienaventuranzas sin matiz griego
ni latino?
“Adelante, ¡déjense madurar! Ha madurado
-quien es libre de
aparentar, de tener, de poder -sentido de la pobreza evangélica-
(bienaventurados los pobres)
-quien sabe autorregularse (πραΰς) -praus es
la palabra que se usaba para describir a un caballo salvaje que había sido
entrenado para someterse a la rienda-, es decir, quien ha aprendido a redirigir
su fuerza y energía a donde decide, no adonde sus impulsos le llevan
(bienaventurados los mansos)
-quien sabe descubrir el sentido del dolor, quién
puede vivir la tristeza propia y la de su prójimo, quien elige “las lágrimas
para llorar cuando valga la pena” (Joaquín Sabina) (bienaventurados los que
lloran) ha madurado quien siente las entrañas conmoverse (bienaventurados los
misericordiosos) y desde ellas lucha por construir un mundo más humano, más
justo, más fraterno (bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia)
aún y cuando esto conlleve ser señalado y juzgado (bienaventurados los
perseguidos por la causa de la justicia)
-quien entiende que la paz
no la venden en Ikea, sino que es algo que se construye de forma
artesanal (εἰρηνοποιός/ eirenopoios), día a día, con paciencia de artesano
(bienaventurados los pacíficos)
La fiesta de todos los santos/santas es la
fiesta de la madurez humana, de la plenitud, de los frutos. No es la fiesta de
los separados y diferentes, ni del club de los virtuosos, ni de los cristianos
de primera clase. Es la fiesta de quienes estamos llamados a dejar que lo humano
madure en nuestra historia -pasado, presente y futuro-.

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